
EL MOVIMIENTO PROGRESISTA COLORADO
Nuestro movimiento se inscribe en la línea histórica del viejo Partido Nacional Republicano fundado por Bernardino Caballero, cuya instalación definitiva tuvo lugar el 11 de setiembre de 1887, en el Teatro Olimpo. No olvidemos que, previamente, el 25 de agosto de ese mismo año se había constituido la Asociación Nacional Republicano para conformar una comisión provisoria que tendría a su cargo redactar el programa y los estatutos de la nueva organización política.
En esa senda transita el Movimiento Progresista Colorado, inspirado en el patriotismo de nuestros mayores, pero en un patriotismo de raza, no de salón, como predicaba Telémaco Silvera; en la fortaleza de aquellos hombres que no se doblegaron durante los 40 años de llanura; y en la ideología del socialismo humanista de Ignacio A. Pane, Juan León Mallorquín y Osvaldo Chaves.
Como aclaramos suficientemente en el “Manifiesto Político” lanzado en agosto de este año (2009) en la Seccional Colorada N° 8 de Asunción, las banderas del Movimiento Progresista Colorado “no son otras que las banderas históricas de nuestros fundadores” y están desplegadas para inyectar mística, moral y convicción a un pueblo que siente tempranamente en su carne los latigazos de la humillación, del desprecio y la persecución de un gobierno tan inepto como cínico y rapaz.
Decíamos también que “a un año de haber entregado el poder, ordenada y democráticamente, nuestro Partido no logra consolidar un perfil opositor, salvo algunas expresiones aisladas y esfuerzos dispersos que no alcanzan para articular una voz potente y fuerte que desnude sistemáticamente las mentiras, fracasos y nula gestión del gobierno de Fernando Lugo”.
Nuestro propósito, por tanto, es doble: por un lado, la reorganización y recuperación doctrinaria de la Asociación Nacional Republicana y, por el otro, estructurar un perfil auténticamente opositor, sin claudicaciones oportunistas, encarnado en el Movimiento Progresista Colorado.
La historia del Partido Colorado, es la historia de los grandes líderes, más que de los movimientos internos, porque desaparecidos, retirados o absorbidos los hombres que los dirigían, automáticamente los movimientos desaparecen o se extinguen paulatinamente.
A lo largo de 120 años de vida institucional, el Partido Nacional Republicano tuvo una clase dirigencial formidable, unida, a veces, enfrentada, otras, pero cuya personalidad intelectual y ética fueron delineando y consolidando la vocación democrática y la doctrina social de nuestra asociación.
Quienes hoy se asustan ante los torneos dialécticos y las escaramuzas verbales, desconocen la tradición de enfrentamiento frontal, con la palabra como arma, y de apasionados debates, donde el lenguaje claro y directo no se disimulaba con ropajes de la hipocresía farisaica, durante las convenciones partidarias que duraban hasta cinco días seguidos, sin que nadie demostrara apuro para retornar a su hogar. Es que, al decir de don Víctor Morínigo, el orgullo de ser colorado solo es comparable con el orgullo de ser paraguayo.
Este es, en resumidos párrafos, el Movimiento Progresista Colorado, cuya identidad irán descubriendo más profundamente los visitantes de nuestra página.
Preparémonos para reconstruir el Paraguay, tal como ya aconteciera en el pasado en varios tramos de la historia política de nuestro país.